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Segundo piso evolutivo: El sendero de la Autenticidad

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Aprendizaje:

Aprender a ser auténtico a través del proceso de individuación en el cual desenmascaro a mis personajes y voy recuperando mi transparencia para poder expresarme siempre desde mi Alma.

Como vimos en el artículo anterior , cuando equilibramos, integramos y armonizamos los siete primeros valores universales (vida, libertad, paz, devoción, alegría, juego y magia) sobreviene la beatitud. La Beatitud es un estado de felicidad más profundo que la alegría. La alegría aún depende de lo que sucede a mi alrededor, en cambio la beatitud prevalece y no es condicionada por los factores externos. Esté donde esté, me mantendré mínimamente feliz. Y es aquí, cuando la felicidad ya no depende de factores externos, donde transitamos lo que se ha de llamar: La Gran Prueba del Alma. Son 19 valores y aquí, en el octavo valor, se pone a prueba mi alma…

Fácil sería dormirse en los laureles de mi propia felicidad y mantenerme contento observando lo dichoso que es mi propio ombligo. Si prevalece esta actitud caeré indefectiblemente a la siguiente sombra: el Egoísmo. Y si ese egoísmo se perpetúa, la beatitud se ensombrecerá y conoceremos la depresión.

La Depresión es la sombra de la beatitud. Al igual que la beatitud, la depresión no depende de los factores externos. Es algo que llevamos dentro, sin importar si estamos en una playa paradisiaca del Caribe o si estamos rodeados de gente que nos quiere; la depresión está y nada de lo ocurre afuera podrá sacarme de ese estado. Para ello, deberé trabajar la luz del egoísmo, vale decir, la compasión. La compasión me exige pensar y obrar por otro. Esto es lo que verdaderamente se espera desde los planos cósmicos cuando un alma ha llegado a la beatitud. Se espera que reflexione del siguiente modo: 

Si soy feliz y no soy alguien especial, no soy un gurú ni un maestro espiritual, quiere decir que todos, absolutamente todos los seres pueden llegar a este estado de felicidad que yo tengo. Por lo tanto, avocaré todos mis esfuerzos para que cada uno de los seres puedan hallar esta beatitud que yo poseo, porque no es algo sobrenatural, sino algo NATURAL. Por ende, todos los seres pueden acceder a este valor universal, sin distinción de reinos (vegetal, animal, mineral, etc.).

Este llamado irrefrenable por ayudar al prójimo se llama Compasión y representa el noveno valor universal, aquel que viene después de la beatitud. Con la compasión comenzamos el segundo piso evolutivo. Sin embargo, una cosa es el deseo de ayudar y otra cosa muy diferente es saber cómo hacerlo. El deseo de ayudar será la compasión. En cambio, el cómo, el know how, será el servicio. El Servicio es el décimo tercer valor universal y con éste, cerramos el segundo piso evolutivo. Es decir, entre la compasión y el servicio, debemos pasar por tres valores universales que van a cumplir la función de pulir y perfeccionar a la compasión. El primer paso para transformar la compasión en servicio será el silencio. El Silencio es el décimo valor universal y representa la mitad del camino. Hay nueve valores que le anteceden y nueve valores que le suceden. Por ello, toda vez que me halle perdido u obnubilado, siempre el silencio será una herramienta eficaz para ayudarme a recuperar el centro. Se dice que el silencio es la puerta que abre la habitación donde reside nuestra Alma. Es a través del silencio que comienzo a discernir qué es Alma y qué es aquello que no soy. Aquello que no soy, son esos personajes que estoy acostumbrado a interpretar, pero que en esencia no soy yo. Son condicionamientos adquiridos por haber nacido en una sociedad en la que no somos transparentes y cada quien se oculta tras un personaje que nos da ciertos atributos a cambio. Cuando un ser ya ha traspasado la Gran Prueba del Alma se pedirá que sea cada vez más auténtico, vale decir, que sea cada vez más Alma. El silencio será el primer paso. Luego vendrá el undécimo valor universal llamado Pureza. El trabajo de purificación consiste en identificar aquellos personajes que protagonizan nuestra vida, observarlos, estudiarlos con la misma acuciosidad y profesionalismo de un actor o actriz. Cuando ya sepamos cómo es nuestro personaje, sabremos usarlo a conciencia, colocándonos aquel disfraz en aquellos medios que me inducen a hacerlo, como también sabré darme cuenta cuáles son los escenarios y relaciones que me permiten ser yo mismo. Esto último, será mi tesoro, mi oasis. Aquellas relaciones que me permiten ser Alma deberé atesorarlas y cuidarlas como si fuesen mi huerta.

El trabajo de la purificación consiste en afinar la percepción de mi yo observador. Observarme en todo momento y poco a poco ir despidiéndome de aquellos personajes que protagonizan mi vida, permitiéndole así a mi Alma el poder expresarse cada vez más libremente. Esto obviamente es un proceso paulatino. Un día seré más alma y otro día seré más personaje. Cuando ya no exista este vaivén, cuando prevalezca la pureza en el tiempo, llegaremos al duodécimo valor universal: la Transparencia. La transparencia se entiende como la conservación de la pureza en el tiempo. Cuando he llegado a la transparencia, ya no me oculto tras personaje alguno y soy genuino, soy Alma.

La sombra de la pureza es la Mentira. Porque si me expreso desde alguien que no soy, verdaderamente estoy mintiendo. Mintiendo a los demás y mintiéndome a mí mismo. La sombra de la transparencia es la Acumulación. La acumulación de personajes, sensaciones, emociones, dogmas, ideas, preconceptos y un largo etcétera. A mayor acumulación, más lejos estoy de mi Alma. No en vano, los sabios yoguis de antaño, al esgrimir el código de conducta Yama y Niyama, hablaron de Aparigraha, vale decir, “no acumular”. Entendieron que al acumular, especialmente emociones y pensamientos, nos aleja del sentido original del Yoga, del unificarnos con nosotros mismos y el Todo.

Si observamos la humanidad de la actualidad planetaria, la vida que llevamos es muy similar a una telenovela. Todo lo dramatizamos y dejamos que las emociones protagonicen nuestras vidas. Los universos nos dicen: vosotros renováis vuestras células cada 5 a 7 años, sin embargo, sois incapaces de renovar una idea o una emoción en toda una vida. Ciertamente, cada uno de nosotros somos mucho más que una determinada emoción o ideología. No somos rencorosos, nostálgicos o vengativos. No somos comunistas, capitalistas o anárquicos. No somos terapeutas, maestros o profesionales. No somos Zutano, Mengana o Fulano. No somos mexicanos, chilenos o libaneses. ¡Ante todo somos Almas! Primero somos almas y luego vienen todos aquellos apellidos que fomentan la desunión, la separación y la disrupción.

Aquél y aquélla que es transparente simplemente es un alma. Nadie más. Nada más. Lo bello de la transparencia es que es contagiosa. Baste un ser transparente para transparentar a decenas de personajillos. Y la transparencia es el valor que le antecede al Servicio porque el primer servicio que se necesita en este mundo, en todas sus facetas, es TRANSPARENCIA. Se necesita transparencia en la salud, en la política, en las familias, en la educación, en las relaciones de pareja y un infinito etcétera. La transparencia es lo que más hace falta en nuestra sociedad de hoy. Por ello que el primer servicio que podemos realizar para el prójimo es ser transparentes. Sin transparencia, llegaré a la Esclavitud, la sombra del servicio. Seré esclavo de mis pensamientos, esclavo de mis ideas, esclavo de mis emociones, esclavo de mis personajes, esclavo del “qué dirán”, esclavos de la sociedad y el sistema. 

Tú que lees estas líneas, si verdaderamente ansías ser libre, si verdaderamente buscas hallar la libertad, deberás avocar tus esfuerzos por ser transparente. ¿Quiénes son libres en este mundo? Solamente son libres aquellos que se permiten expresarse a través de sus almas.

La libertad es el segundo valor universal y la transparencia el duodécimo. Existe una correlación numerológica y valórica entrambos.

La transparencia me permitirá cumplir con el único requisito que hay para ejercer servicio. Esto es, que se haga de alma a alma. El servicio no puede ser realizado a través de un personaje. No puede llevarse a cabo a través de mi yo cristiano, mi yo karma-yogui, mi yo budista. El servicio debo realizarlo a través de mi Alma. Todas las demás condiciones estarán entorpeciendo mi libre acceso al servicio. Es mi alma la que realiza el servicio al alma del otro. No es al mendigo “pobre”, “borracho”, “viejo”, “débil”, “pordiosero” que le estoy brindando mi servicio, sino al alma que reside dentro de aquel personaje.

Como una herramienta infalible para no acumular ego cuando me dedico a ser compasivo y servicial, cabe constatar que no soy yo quien debe esperar el agradecimiento de aquel que está recibiendo mi ayuda. Muy por el contrario, soy yo quien debe agradecerle a aquel individuo el permitirme realizar un acto compasivo, el permitirme realizar servicio. Si no me lo permite, no puedo servir, no puedo aumentar mi beatitud. Este es el secreto. Cuando estoy en beatitud, cuando he hallado aquella felicidad que no depende de los factores externos, no he llegado al tope de la felicidad. Aquella felicidad crece infinitamente en la medida que soy capaz de contactar con la compasión y el servicio, que a la postre me hará conocer al Amor.

Siempre se ha dicho que el camino de la autorrealización nada es sin el servicio a la humanidad. El servicio será siempre en nombre del otro. No obstante, si el servicio es de Alma a Alma, quiere decir que, al ayudar al otro, me estaré ayudando a mí mismo, porque aquella alma, en esencia, es mi propia alma. 

 Por último, cabe señalar que el servicio no solo está circunscrito al humano. Podemos hacer servicio con todos los seres. Es importante cerrar estas líneas afirmando que nada ni nadie deberá decirte cómo servir. Nada ni nadie deberá condicionar tu forma de servir. Es tal la diversidad de servicio, como la heterogeneidad de seres humanos. Tu servicio, tu forma de servir estará relacionado con tus afinidades y gustos. Con tus fortalezas y habilidades. Debe ser una experiencia gozosa, dichosa, enriquecedora. Por el contrario, si lo que crees realizar como servicio es una experiencia desgastante, cansadora, abrumadora, pues aquello no será servicio, sino esclavitud.

Recuerda: el servicio es un acto compasivo realizado en absoluto silencio de forma pura y transparente. Aquél y aquélla que culmina el segundo piso evolutivo a través del servicio entrará al tercer piso evolutivo a través de la sabiduría.

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras (Parte 4). Artículo de Julián Avaria-Eyzaguirre, publicado en Revista Ananda, Abril 2018. (Insertar LINK: https://www.yumpu.com/xx/document/read/60072716/ananda-abril-2018)

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El Reino Mineral está Vivo

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Estamos en un momento planetario crucial. Continuamos reduciendo rápidamente los recursos naturales de la Tierra, mientras hay disputas y guerras por doquier. El auto-centramiento humano -la tendencia a focalizarnos en nuestra especie, independiente de las necesidades del entorno- ha llegado al límite. Nos hemos olvidado que habitamos un planeta común con muchos reinos. Es de suma importancia que dejemos de pensar que la Tierra es un parque de diversiones para la humanidad. Si tenemos poder territorial, tecnológico e inteligencia, debemos actuar como hermanxs de todas las especies. Es momento de volver a la Ley de la Unidad, tomando conciencia de que todo lo que hacemos y realizamos influye en los demás. Somos una gran red entrelazada de vida. Existe una matriz que nos conforma a todxs al mismo tiempo y de la que somos parte.

La cristaloterapia es una práctica procedente de tiempos inmemoriales, cuando los seres humanos nos sentíamos más conectados con los reinos de la Tierra: Mineral, Vegetal y Animal. En esos tiempos, teníamos un culto y un cuidado de la Naturaleza que nos mantenía con la conciencia y percepción de esa unidad. Comprendíamos que todos somos uno y estamos relacionados entre sí. Cuidábamos a la Tierra y a todo lo que habita en Ella, como Diosa. Los cristales y minerales se consideraban una fuente vital de luz, que nos facilitaban a conectarnos con la energía de vida del planeta.

Al trabajar de manera consciente con cristales, recordamos cómo volver a comunicarnos con ellos, mientras nos dotan de la conciencia de unidad y nos facilitan el equilibrio. Gracias a sus propiedades, ellos amplifican nuestras intenciones de luz, amor y sanación. De hecho, numerosas dolencias pueden revertirse o palearse gracias a la colaboración asistida de estos seres cristalinos. 

 

Debemos volver a incluir a los minerales como un Reino Vivo. Si bien son muy diferentes a nosotrxs en su estructura y forma, eso no los exime de poseer aliento vital. No importa lo que diga la ciencia tradicional: ¡el Reino Mineral vive!

Por cierto, se trata del reino más antiguo del planeta. Y además, es el que sustenta la biosfera. Antes de que la Tierra estuviera conformada por agua, era una nube de gas primigenio. En ese momento, cual horno del alquimista, se fraguó este reino. 

Como se trata de un reino olvidado y explotado, hoy urge formar guardianas y guardianes de los cristales y piedras. A todas luces, sin el Reino Mineral ninguna expresión de la biodiversidad podría estar viva.

Si anhelas contactarte con este reino, o buscas profundizar tus conocimientos y hermanarte con estos seres maravillosamente mágicos, súmate a la próxima formación de Cristaloterapia para 20 chakras.
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Primer piso evolutivo: El sendero de la vida

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Aprendizaje:

El valor de la vida. Cada vida es un tesoro. Cada vida es una mágica oportunidad para entrar a jugar al tablero de la vida con alegría, cual divinidad, en paz, libre y más viva que nunca.

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras nos propone un camino a través de sus 19 valores y sus respectivas sombras, ordenados dentro de tres pisos evolutivos que nos conducen hacia el Amor. Aquí, al hablar del amor nos referimos al valor universal supremo que engloba a los demás valores universales y no a la emoción pasional expuesta en las telenovelas de moda. El amor es una experiencia iluminativa que según la cultura lo denominaremos diferente: santificación, samadhi, nirvana, satori, cristificación. Alude al máximo grado de felicidad al cual podemos acceder. Muchos se preguntan acerca de su misión en esta vida. Esta misión es la misma para todos y todas: ser feliz y hacer felices a los demás. Para alcanzar dicha felicidad lo primero que necesita nuestra Alma es encarnar. Por ello, el primer valor universal es la Vida

 

La Vida por sí sola no basta. Una semilla ciertamente está viva, no obstante, aún no es un árbol, todavía no es un bosque. Lo mismo aconteció con el Punto Cósmico Primigenio. Estaba vivo, pero no existía la Creación. Nada había que pudiese atestiguar la existencia de aquel Punto Cósmico Aboriginal. Cuando la semilla aún no ha germinado, en botánica se dice que el embrión permanece en dormancia. La dormancia representa la sombra de la vida. La sombra de la vida no puede ser la muerte, porque la muerte forma parte del ciclo de la vida. Lo que mejor refleja la sombra de la vida es el estar durmiendo con los ojos abiertos, cual sonámbulo. Observemos la gran masa humana. Como colectivo nos movemos en este mundo a través de la dormancia. Esto es porque estamos privados de libertad. La Libertad es el segundo valor universal. Es el valor que permitió la existencia de la Creación. Es lo que siente la semilla al germinar, es lo que sintió el Punto Cósmico antes de llevar a cabo la Creación, es aquello que mueve al polluelo a romper la cáscara del huevo. 

 

La Vida debe estar acompañada de la Libertad. En ausencia de libertad, aquello no podrá denominarse vida. El canario es un canario y parece vivo, porque canta, bebe, come y defeca. Sin embargo, nunca sabrá lo que significa verdaderamente el ser un canario. Si no hay libertad, hay represión. La Represión es la sombra de la libertad. Allí donde existe la represión, existe un atentado hacia la Vida. 

 

Es fundamental conseguir esta libertad en paz. Por esto, el tercer valor universal en plasmarse es la Paz. Muchas guerras, etnocidios y masacres se llevaron a cabo utilizando como estandartes la paz y la libertad. No obstante, la historia ha demostrado que la violencia genera más violencia y en lugar de hacer prevalecer la paz, hará prevalecer la sombra de la libertad, vale decir, la represión. 

 

La vida, junto a la libertad y la paz forman un triángulo equilátero que representa el equilibrio básico que se requiere para sostener la Creación y el hálito vital de sus creaturas. Este triángulo se asocia con Prama, el equilibrio creativo conformado por las tres fuerzas que rigen y sostienen a la Creación: sattva, raja y tama. No son dos fuerzas las que sostienen al Cosmos, sino tres: sutil, mutativa y estática. 

 

La gran masa humana no solo está atrapada en la dormancia, sino también en la represión y la violencia. Estas tres sombras se retroalimentan conformando una tríada oscura y nos conducen irremediablemente a la cuarta sombra: la ignorancia. 

¿Cómo poder salir de la ignorancia? ¿Qué hacer para acabar con tanta violencia y represión? 

 

Desde los planos cósmicos se plasma un cuarto valor universal que por sí solo debiera ser capaz de iluminar las tres primeras sombras. El cuarto valor es la Devoción. Sin embargo, también ha caído en desgracia tergiversando su etimología y sus significantes. La palabra devoción no proviene del latín “Deus”; vocablo que debe escribirse en mayúscula y posee una connotación meramente masculina. Devoción proviene del sánscrito “devas”; palabra que se acepta en minúscula y no posee género. Puede decirse correctamente las devas o los devas. Significa divinidad. Alude a las divinidades terrenales. Para nombrar a aquel Dios Único, en sánscrito existen decenas de vocablos diferentes que describen diferentes facetas de aquel mismo Dios (Brahma, Parama Purusa, Shiva, etc.), agregando incluso facetas femeninas tales como Shakti, Prakrti, Liilah, entre otras. Todos estos vocablos no se invalidan entre sí, sino más bien se nutren. 

 

Las culturas ancestrales sin distinción observaban su entorno divinizándolo. Todos éramos dioses. El dios sol, la diosa luna, el dios árbol, el dios peregrino, el dios forastero, el dios águila. La mayoría de las formas de saludo se refiere a esto último. Namaste y namaskar quiere decir: Saludo a la divinidad que está en tu interior con la sinceridad de mi mente y el amor de mi corazón. In lak’ech entre los mayas quería decir: yo soy otro tú. Y Ometeo entre los mexicas: por todas mis relaciones.

 

No obstante, el culto a ese Dios latino, masculino y muy lejano, aquel culto que te dice cómo debes acercarte a ese Dios omnipresente-castigador-patriarcal, aquel culto que te impone un sacerdote cual emisario para poder hablar con Él, acusó de paganismo al culto politeísta, y por ende, impidió el libre acceso a la devoción rigidizándolo y estructurándolo hasta tal punto que en lugar de conectar a sus feligreses con su propia divinidad, nos hizo contactar con la ignorancia. ¿Qué ignoramos? Ignoramos que ya somos divinos. Ignoramos que ya somos diosas y dioses. Ignoramos que ese dios, que esa diosa palpita dentro de nosotros y que cada creatura, sin distinción de reinos, posee su propia divinidad, es divina en sí misma. Nuestra divinidad no es algo que debemos alcanzar, sino algo que ya poseemos. Aquel y aquella que consiga atisbar su propia divinidad y la divinidad que late en cada entidad, estará accediendo al quinto valor universal: la alegría. La alegría de estar vivos, la alegría de ser libres, la alegría de estar en paz y la alegría de ser dioses y diosas. 

 

Si persiste la ignorancia, aquello nos llevará hacia la quinta sombra: la tristeza. Esta tristeza se sostendrá a través de la sexta sombra: la rigidez. La rigidez en el camino devocional nos conducirá invariablemente hacia la séptima sombra: la ceguera. Si culmino mi encarnación en la ceguera, pues en la encarnación siguiente deberé repasar nuevamente cada valor del primer piso evolutivo y re-comenzaré con la Vida. Cuando estoy ciego ante la divinidad que palpita en mí y en cada creatura, no puedo acceder al segundo piso evolutivo. Para ello será preciso contactar con la devoción. Esto equilibrará las primeras sombras y me permitirá conocer el primer estadio de la felicidad llamado alegría. Para perpetuar esta alegría en el tiempo debo comenzar a trabajar el sexto valor universal: el juego. El juego primeramente me exigirá el recuperar a mi niño interior. No podremos acceder a nuestro yo superior sin habernos reconectado previamente con nuestro niño. Esto es trascendente, porque es la energía del juego la que siempre me va a permitir avanzar. Un niño posee capacidad de asombro, espíritu investigativo insaciable y una espontaneidad innata. Al desconectarnos de nuestro niño interior, perdemos estas capacidades y nos tornamos cada vez más rígidos, rigurosos y rutinarios. Estas tres “R” señalan estancamiento evolutivo. 

 

El valor del juego nos viene a enseñar que el avanzar, el retroceder, el perder un turno, el volver a comenzar desde la partida, son parte del juego de la Vida, son parte de la evolución. La evolución siempre acontece, mismo haya retrocedido en términos lineales. Muchas veces necesito retroceder tres pasos para avanzar diez. Otras veces necesitaré una pausa. Pero siempre y siempre, seguiré dentro del tablero de la Vida, por ende, evolucionaré. 

 

Lo que sí podría representar la involución sería el mantenerse estancado en un solo casillero del tablero, en un solo color del arco-iris. Para que aquello no acontezca, existe el juego como valor universal, el cual siempre nos va a mover de nuestra zona de confort; el cual siempre nos va a pedir más; el cual siempre me avisará cuándo es momento de cambiar.

 Por otra parte, el valor del juego nos enseña que cada encarnación es una nueva oportunidad para entrar al tablero de la vida. Cada vez que jugamos, el desenlace es impredecible y son las aventuras en el camino lo que nos mantiene entretenidos jugando. Si solo se tratara de avanzar en línea recta hacia la meta y ganar el juego en dos o tres tiradas de dado, aquello sería aburrido de más y nadie querría participar. Cada juego es único e irrepetible, así como cada vida es única e irrepetible. Cuando tomo conciencia que mi vida es única e irrepetible, cuando observo que cada gota de lluvia y de rocío es única e irrepetible, cuando veo que cada grano de arena en una playa es único e irrepetible, estaré vislumbrando la magia: el séptimo valor universal

 

Aquel y aquella que pueda asir la magia en cada momento y en toda circunstancia, estará ad portas de entrar con el pie derecho al segundo piso evolutivo a través de la beatitud, el octavo valor universal, el cual representa un grado más profundo de felicidad que la alegría, el cual se manifiesta de forma independiente del entorno. La alegría aún depende de los factores externos, en cambio la beatitud ya no depende de aquellos factores externos que determinan a la alegría-tristeza. La beatitud es algo que se lleva dentro porque tengo ojos para observar la magia; estoy conectado con mi niño interior; estoy alegre y consciente de mi propia divinidad; en paz, libre y más vivo que nunca. 

 

Los universos son enfáticos al señalar que el Planeta Tierra y todos sus habitantes ya deberían estar encarnando la Semilla de la Vida, figura que simboliza la armonización de los siete primeros valores universales. Todos y cada uno, sin distinción, ya deberíamos poseer la beatitud. No obstante, aún le estamos dando vida al gran espejismo colectivo que nos hace permanecer separados de la Fuente, y por ende, separados entre hermanos y hermanas. De nosotros depende transitar el primer piso evolutivo desde sus luces o desde sus sombras. 

 

No le sumemos más odio al odio ni más violencia a la violencia. Iluminemos las sombras a través de la vida, la libertad, la paz, la devoción, la alegría, el juego y la magia. Así estaremos colaborando para que toda la Tierra alcance la beatitud y podamos sumarnos a la Gran Confraternidad de Planetas Felices.

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras (Parte 2). Artículo de Julián Avaria-Eyzaguirre, publicado en Revista Ananda, Noviembre 2017 https://www.yumpu.com/es/document/read/59581195/ananda-noviembre-2017

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El Oraculo de la Flor de la Vida en Cristaloterapia para 20 chakras

flor de la vida

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Son las grandes interrogantes que se ha formulado el ser humano a lo largo de su existencia. Para hallar este tipo de respuestas, nacieron los oráculos. En cada rincón del planeta, ha surgido una forma de leer el oráculo. Los escandinavos desarrollaron las runas, en la Antigua Grecia famoso fue el oráculo de Delfos, en China se creó el I-Ching, en el Altiplano aprendieron a leer las hojas de coca al mismo tiempo en que los curanderos en África supieron vaticinar a través del dibujo que expresan unas conchas de caracoles. El Tarot, por su parte, se ha propagado hacia todas las direcciones y desde su prístino origen fue transformándose en una infinita nueva variedad de naipes. 

La necesidad por hallar las respuestas del origen de la humanidad es proporcional a esta aparición exponencial de nuevos oráculos, nuevas formas que nacen adaptándose a la urgencia planetaria, para así develar y hacernos recordar, cuál es la senda que se nos recomienda seguir con el fin de elevar a todos los seres sin distinción. 

La Tierra está experimentando cambios que la transforman tanto a Ella como a sus habitantes. En este presente en el cual se polarizan las energías a niveles extremos, precisamos volver al centro, reconectarnos con nuestra alma y llevar a cabo las acciones pertinentes para ofrendar nuestros necesarios aportes en este proceso de trasmutación, renovación y renacimiento. 

“Un mundo ha llegado a su fin. Un nuevo mundo está naciendo. Para nacer en armonía con este nuevo mundo, con esta nueva era, hemos dado a luz este nuevo oráculo:

El Oráculo de la Flor de la Vida & la Flor de la Sombras

19 valores universales con sus respectivas sombras que describen el camino evolutivo de nuestras almas de forma didáctica, simple y profunda…”

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras (Ediciones Llovizna, 2016) puede ser consultado tanto de forma individual como grupal ya sea en parejas, grupos familiares, comunidades o empresas. Como todo oráculo, guía al consultante y brinda orientación práctica para emprender el camino de regreso al Alma. 

Así como ya lo aseveraba el doctor Edward Bach, sabemos que la enfermedad (del latín infirmitas – infirmus = no firme = debilidad) nace cuando nuestra personalidad está en desarmonía con el Alma. Cuando habitamos aquella dicotomía nos tornamos débiles, razón por la cual la sanación (del latín sanus = sensatez) se recupera en la medida en que recuperamos el contacto con nuestra Alma. 

Los 19 valores universales y sus respectivas sombras se expresan en este Oráculo y a partir de allí se develan aspectos que nos servirán para iluminar la senda de regreso a nuestro centro. 

Regresar al Alma es de suma importancia en la actualidad planetaria. Llevamos siglos expresándonos desde nuestras múltiples personalidades; siglos expresándonos desde nuestros variopintos personajes; conduciendo todos nuestros esfuerzos en la extroversión de los sentidos. No obstante, hoy urge que volvamos a nuestra esencia, porque al re-contactar con nuestra Alma, estaremos re-conectándonos con el Alma de los demás seres que habitan junto a nosotros en la superficie planetaria.

Desde la caída de la Torre de Babel -cuando el hombre intentó alcanzar a Dios a través del materialismo- quedamos hablando en lenguas diferentes. A decir verdad, lo que el hombre y la mujer olvidó ha sido el lenguaje del corazón, vale decir, el lenguaje de la Naturaleza

Aquél y aquélla que recupera el contacto con su Alma, ciertamente será fiel a su corazón y a partir del corazón podrá volver a comunicarse con la Naturaleza. Aquél y aquélla que busque hablar con el árbol y la flor; que anhele dialogar con las estrellas en una noche de novilunio; que desee ante todo conversar con los pájaros, insectos y cada ser vivo de este mundo; deberá conducir sus esfuerzos por retornar al Alma, por recuperar el contacto con su corazón y aprender a expresarse a partir de allí. 

Aquél y aquélla que habite su corazón, serán los habitantes de la nueva era geológica.  

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras nos conecta con el diseño que dibujó el Universo el día en que encarnamos en este mundo. Podemos develar cuál es el valor universal que vino a trabajar el Alma en esta encarnación, cuáles serán sus desafíos y qué acciones emprender para recorrer el sendero ligeros de equipaje y aprender a volar. 

Los universos son enfáticos al afirmar: La evolución siempre existe. Sin embargo, ésta pueda ser muy lenta reptando por el piso, o bien, rápida y volando. En la medida en que me mantenga alejado del Alma, reptaré por el fango de mis propias pestilencias; en la medida en que me acerque al Alma, aligeraré el equipaje y podré volar, levantando con mi vuelo a los demás. 

Los 19 valores universales están agrupados en tres senderos: el camino de la vida, el camino de la autenticidad y el camino del corazón. Aquél y aquélla que valore la vida y respete la existencia de cada ser que habita junto a nosotros; aquél y aquélla que haya aprendido a ser auténtico y a servir al prójimo; aquél y aquélla que siempre sea corazón, ciertamente será una fiel representación del mandala de la Flor de la Vida encarnados en este mundo.

El Oráculo de la Flor de la Vida y la Flor de las Sombras. Artículo de Julián Avaria-Eyzaguirre, publicado en Revista Ananda, Agosto 2017 https://www.yumpu.com/es/document/read/59388088/ananda-agosto-2017 

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